Archivo mensual: agosto 2011

Homeless

Me alimento de café con leche y tostadas. No está mal, pienso. Acá afuera hay huracanes y está bien que así sea. Faltan los refugios. Los huracanes andan hasta por los subterráneos. Demasiado viento, todo lo envuelve. Pinta el paisaje porque es transparente.

Sin hogar, por las calles. Algo debe haber, entre las butacas, bajo los árboles, sobre el cielo, en estos pasajes. Siempre lo he creído, sobre todo en estos días que despierto junto al nogal y las figuras de papel que aprendí a hacer. Porvenir más allá del porvenir. La tarea espera, vive esperando. Homeless señala esta lógica. Se vive todo el tiempo con el cielo abierto sobre la cabeza. Y no sabemos dónde termina el cielo. Se indaga a través de semillas, las mejores semillas del vivero.

Quién lo diría: tranquilidad inquietante; estoicismo frutal, frágil. A la cineraria nadie le echa agua. Ni siquiera la lluvia cayó en su macetero. La fui a visitar en la noche. Estaba decaída. Coloqué un poco de agua que traía entre mis manos. A la mañana, en mi visita matinal, sus hojas, suaves como la felpa, brillaban nuevamente. Hablaba y hablaba en su lenguaje, difícil para mí. Imposible para mí.

Como el lenguaje de este lugar, homeless de las redes virtuales, pero que, a diferencia de otras veces, ha adquirido aromas. Debe ser el ocultamiento que no deja escapar los perfumes por los orificios del exponerse. Quizás también tengo aromas dentro de mí. No los puedo descubrir por mi cuenta. Vivo cotidianamente con ellos, estoy acostumbrado. Si es que existen estos aromas, claro está.

¿Será ese el motivo de las calles, de la ciudad, del río? ¿La búsqueda del aroma? ¿De la región inexplorada? Será necesario salir del hogar, respirar, caminar. Las galerías de Providencia, las peluquerías, la comida autoservicio, el bazar. Esos pasillos que suben y bajan y, de un modo u otro, se encuentran. Es entretenido caminar por ahí.

Un homeless le dijo a otro