Pese a oír todo esto, no osaba negar crédito a unos «altitonantes y barbiluengos» varones; de hecho, no hallaba una vía por la que orientarme para hallar un argumento inatacable, que no pudiera ser anulado en modo alguno por otro opuesto. De manera que experimentaba exactamente lo que expresa Homero; muchas veces me sentía tentado a creer a uno de ellos,
mas otro impulso me contenía.
Desconcertado por todo ello, desesperaba de oír en la tierra alguna verdad sobre estas cuestiones, al tiempo que creía que únicamente la liberación de mi total perplejidad sería posible si yo en persona, dotado de alas, ascendía al cielo. El afán de lograrlo motivaba mi esperanza, mas también el fabulista Esopo al revelar que el cielo es accesible a águilas y escarabajos, y en ocasiones incluso a camellos.
Luciano de Samosata, Icaromenipo 10.






viajar cosmico, nunca fue un óbice para menipo, bello menipo